Como decía la incomparable Marilyn Monroe: «¡Dale a una mujer un par de buenos zapatos, y conquistará el mundo!»
Los zapatos de tacón siempre han sido un símbolo de feminidad y elegancia, y todo comenzó en 1533, cuando la catorceañera Ekaterina Medici se puso un par de zapatos así en su boda con Henri de Valois. Entonces, el tacón "imponente" de cinco centímetros causó tal revuelo entre las damas cortesanas, que durante varios años se convirtió en una parte integral del calzado. Aproximadamente en esa misma época, pero ya en Inglaterra, la caprichosa y autoritaria gobernante Maria Tudor, que no quería estar a la misma altura que sus súbditos, exigió que le hicieran zapatos de tacón. Con el tiempo, la favorita real Madame Pompadour inventó un fino taco, y otros 200 años después, un reconocido diseñador francés insertó en él una barra metálica. Justamente esos zapatos, cubiertos de rubíes, los hizo para la coronación de Isabel II. Pero el siglo XX hizo sus propios ajustes y en 1956, la empresa francesa Repetto, dedicada a calzado para bailarinas, lanzó sus primeras bailarinas a pedido de Brigitte Bardot. Y después del estreno de la película «Y Dios creó a la mujer», cosecharon un éxito sin precedentes, ya que cada niña soñó alguna vez en ser bailarina y creyó en un cuento de hadas. ¿Recuerdan a Cenicienta, que perdió su zapatilla de cristal? Pues precisamente gracias a ella, una niña sencilla pudo convertirse en princesa.